domingo, 13 de novembro de 2011

Trabajos ganadores del 1º Concurso Internacional

Trabajos ganadores del 1º Concurso Internacional Poetizar el Mundo (en español.

Puesto 1º
Le Sacre du Autumn
de Rosakebia Liliana Estela Mendoza (Perú)


Estoy sentada sobre el poema. Una soledad suprema, admite la existencia de otras soledades aunque serviles y aprendidas. Llevo años, tal vez siglos, tal vez sexos, buscándome la voz con la lengua, el alma con el cuerpo y nada. Me es imposible utilizar el lenguaje de las agujas del reloj y no me importa. Escribo para descifrarme. Hablo dirigiéndome a mí. Le amputaron el pie para coserle el pie. La única ventana del castillo, tiene vista al hospital psiquiátrico. Mirar como resolviendo una ecuación matemática del azar. Mirar, por ejemplo, el patito de hule en la bañera. La topografía de la mirada está hecha con bostezos atrapados a dos manos. Le robo los poemas a un pájaro ciego. Lágrimas sólidas, purita sal. En realidad, se lloran ojos en una intersección de calles donde el único peatón es una botella plástica. De pronto volverse lineal. El pájaro ciego no existe. Tropezarse con sonrisas de dientes rojos. Repasar las vocales, no confundirlas. La mano del amante en la línea once, la mía dibujada con otro color y mayor precisión también en la línea once. Dibujo a grandes rasgos de una muchacha mutilada de una mano. Siempre la voz de mi madre a los cuatro años, hablándome para no dormirme. ¿Dónde está el perrito? ¿Y la muchachita de ojos verdes? ¿Y el muchachito de ojos verdes? ¿Y el carrito azul? ¡Encuéntralo, encuéntralo! Señala el lugar de la herida. Estamos cerca del poema. Se comen el pan de la memoria. La intensidad del poema varía, ahora escribo para no hacer el amor. Hago el olvido.

Puesto 2º
LOS SEGADORES
JOSE MARIANO SERAL ESCARIO (España)


Ya vienen los segadores, con sus testas atezadas por el dorado sol, ya vienen los segadores con la dalla de bruñido filo al hombro. Entonando cánticos de alegría por la buena siega, la parda mula rebuzna, su amo la azuza, con rabia tira del pesado carro cargada de mies, por el polvoriento camino.

Las doradas espigas se corvan rindiendo pleitesía ante el majestuoso Febo, espigas que susurraban una melodía al ser mecidas por la suave brisa. Va y viene la guadaña cercenando la mies, van y vienen los fatigados brazos recogiendo las gavillas.

Repica el martillear sobre la inclusa sacando filo a la dalla. Canta el labrador en sus largas jornadas, con las primeras luces del alba ya en el campo se halla, con la luz de la plateada luna a su morada torna, en ocasiones dormita bajo el estrellado cielo esperando ansioso el centellear del amanecer. Labrador que naces con el florido campo en el corazón y mueres con el campo en el alma, siempre pensando si mañana lloverá o si escampara. Labrador de rostro atezado bajo tu blanco sombrero de paja, de manos encallecidas por el duro trabajar, viajas en tus negras abarcas.

En la era la mies trillas, da vueltas y vueltas la parda mula en su viaje a ninguna parte, el preciado grano de la espiga se desprende, con la horca al viento lanzas paja y grano, la paja unos metros viaja y el grano a tus pies queda. Talegas repletas de trigo, que al molino llevas, el dorado en blanco se torna en la molienda, arduo trabajo que el pan de cada día te dará, tras un año de duro laborear en las ocres tierras. Días de alegría cuando la espigas recoges, días de amargas lágrimas cuando la atronadora tormenta diezma tu cosecha.


Puesto 3º
Entre pensamientos ajenos
de Mario Di Polo Villegas (Venezuela)


Caminé por horas… mientras más caminaba menos recordaba mi casa, mi pasado, mi hogar, si es que alguna vez lo tuve… Me sumergí en las aguas infinitas del tiempo, sin pena ni gloria. Sólo tu recuerdo y su esperanza; soy el despertar de cada minuto; del sueño constante del rumbo perdido; de esa duda profunda, la que gritaba en vano, reclamando su sentido... Soy el pensamiento ajeno que en todos yace, la locura subconsciente, la responsabilidad quebrada, la emoción visceral… Entre pensamientos ajenos despierto. Soy el sueño de un ser que habita en mí; sus deseos; soy el que camina la vida de otro, como una sombra, el silencio de una casa en ruinas… Somos seres de segundos...hijos del pasado y padres del futuro… Desperté de nuevo ¡¿Desperté?! Ya no distingo los sueños, la realidad, la vida o la muerte. Mucho menos, distingo la felicidad de la tristeza, soy el carcelero de mi propia felicidad. Ya no distingo quién habita en mí… Soy consecuencia de la noche, de la calle, del dolor del profundo silencio que me rodea. Me integro a la oscuridad de una casa vacía; de una ciudad vacía; de un alma vacía; de la luz que te llevaste hace años, bautizando mi alma entre crepúsculos, espacios regados que la vida reserva para ella; somos ocasos olvidados, los que de su abstracción cobraron significado propio, dándole sentido a la vida. Amaneceres lejanos nos esperan. Esta noche pronto desaparecerá, entre el alba del pensamiento, de la razón, de la esperanza, de lo profundo de la abstracción… Seguiré caminando, atravesando espacios fugaces. Viviré entre colores, sensaciones, sentimientos. Seré el tiempo reflejado en mi espíritu; la noche que persigue eternas melancolías; la duda terrible del amor. Sólo seré el humilde mensajero. Ése que del pasado logró sembrar su pensamiento en ti...



Mención: 1ª
ÁRBOLES DE MI TIERRA
Melva Agudelo de Bueno (Colombia)


Es mi tierra hija predilecta del sol, favorita de las suaves brisas del río Cauca, flor inmensa de eterno verdor, tierra soleada mecida por el viento, donde en agujas verdes se miran los arrozales, en blanca escarcha los tiernos algodonales entrelazándose con las hojas glaucas de la caña de azúcar.

Árboles hermosos bordean los caminos, de tramo en tramo Palmeras cimbreantes lucen coquetas su esbelto talle, encumbrando sus hojas al cielo para conversar a solas con su amado, el viento; Samanes vetustos con largas melenas colgantes al viento abren sus enormes copas sedientas de rocío, de sol ardiente y en la tarde, de suave brisa que juega entre sus hojas vacilante tierna y silente. Tabebuias amarillas salpican el paisaje con su encendida floración, destacándose contra el azul del cálido cielo.

Acacias voluptuosas, doncellas de la tarde, dejan entrever sus flores en cabellera rubia, Ceibas centenarias, se perfilan cual vigilantes eternos, con membrudos brazos desafiando estoicas las tormentas. Guaduales cimbreantes gimen con la brisa cantarina que arrulla su lamento. Flamboyanes, sus purpúreas flores lo cubren como un manto de fuego difuminándose su silueta allá en la lejanía, pareciendo del ocaso frágil arrebol. La grácil Jacaranda, de tenue follaje con flores cual azules mariposas juegan con el viento.

Otros árboles aúnan sabor y belleza con la policromía de sus frutos: Guanábanos, Ciruelos, Cítricos, Mangos, y Zapotes.

Amo todos los árboles de mi Valle del Cauca más... mi corazón enternece y mi cuerpo rejuvenece mirando el majestuoso Samán cuando hoy a los ochenta y un años cierro los ojos y me evoco meciéndome feliz en mi columpio colgado otrora de la misma fuerte rama.

Cuido y defiendo los árboles, porque sin ellos no habrá vida, agua, sombra, ni se escuchará la alegría cantarina de los pajaritos, ni habrá belleza y armonía del paisaje.


2ª Mención
Sueño remoto
Patricia Declerk (Argentina)


Me voy a dormir, dijo. Y dejó que el mar la abrazara. Sintió las últimas caricias en las huellas de sus pies sobre la arena y pudo ver las rosas blancas colgadas del poniente a modo de bienvenida.

Caminó lentamente hasta el final de la escollera y percibió la turbulencia del viaje. Remolinos de agua avizoran la inocencia de los pasos y señalan el peligro.
Ahora su cuerpo le pertenece; ahora la gravedad se apodera de su vida mientras transforma el oxígeno que respira.

La espuma borró toda incertidumbre que pudiera acecharla antes de ver el abismo como una nueva visión detrás del horizonte. El intento deshecho en la marejada confundió el delirio con el peso ondulante de promesas incumplidas. Buscaba una verdad en el choque, quizás la más definitiva y deseó fervientemente que las aguas descubrieran el engaño.

Un extraño vaho cubrió su pasado y transformó sus venas en cauces salados. Pero el collar de cuentas que forma la bahía ungió el destino de sus ilusiones: el amor será eternamente el viento y la tristeza trepará junto a las alas de las gaviotas. Ya no tendrá que resolver el temor que auscultaba su soledad.

Y se fue a dormir, sin dejar huellas en la arena, para encontrar el sueño remoto sosteniendo inerte en sus manos el sentido.

3º MENCIÓN
RÉQUIEM PARA LA NOCHE Y UN SUEÑO
Yasmin González León (Cuba)


Noche era un perro de ébano y algodón. Cuando sonreía, sus ojos brillaban como si guardase algún secreto ante la mirada de los humanos; y cuando pedía algo, no lo hacía con ladridos: simplemente esperaba, hasta que tú notases su anatomía, y solo entonces, despacio, te tocaba con sus patas delanteras el antebrazo.

Pero si el lenguaje no servía para comunicarse, Noche comenzaba una danza ritual yendo y viniendo del suelo a tu piel, de tu regazo al suelo, con la lengua afuera y una semisonrisa en su boca.

No era un perro común. Sabía hablar, escoger el momento exacto para convencerte de sus deseos. No le importaban los demás perros, se conocía distinto; e instintivamente los ignoraba, con la escasa excepción de alguna que otra perrita que vio en su corta vida.

En los parques, era un juguete, correteando por la extensión cubierta de yerba tal un manto de dulce almohada se tratase. Pero su almohada preferida era una dama rosa, apenas con relleno después de tantas mordeduras. A ella la adoraba; tal vez porque desde su infancia la veía cada mañana al despertar, y cada noche al dormir. Un día, mientras retozaba por la casa sin ningún reparo, yo, enojada, decidí guardarla encima del escaparate. Noche comenzó a sollozar, y me miraba, muy triste, mostrándome a la dama de sus sueños. Mi corazón no pudo hacer otra cosa que reír, sorprendido: al devolverle su almohada, Noche daba saltos increíbles, venidos de un lugar diferente.

Porque Noche era un perro de ébano, como la noche; y de algodón. Y por ello, cuando sus pies tocaban el suelo, pareciera que salían disparados, intentando alcanzar el cielo.

Entonces, pienso yo, quizás allí está Noche, esperándome, después de un salto tan alto que aún no ha podido bajar de las nubes.
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Están abiertas las inscripciones para el 2ºConcurso Internacional Poetizar el Mundo.

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